¿Es más placentero el sexo con una mujer virgen?

Una mujer sorprendida señalándose a sí misma

Lo primero que tenemos que aclarar es que la “virginidad” NO es un término médico ni científico, sino un concepto social, cultural y religioso construido para manipular la sexualidad femenina, exigiendo sangre o la existencia de un tejido llamado himen, que se puede romper hasta montando bicicleta, que no tiene ninguna función en el cuerpo y que no siempre está de la misma manera en todas las mujeres, porque hay muchos tipos de himen y hay mujeres que incluso nacen sin él.

Aclarado esto, el hecho de que una mujer no haya iniciado su vida sexual penetrativa, llamada coito, que no es lo mismo que “ser virgen”, porque pudo haber iniciado su vida sexual no penetrativa con otras prácticas sexuales, como el sexo oral, sexo anal, caricias y demás yerbas, NO influye a la hora de medir el placer sexual.

Esta fantasía de creer que se siente más placer sexual al tener sexo con una mujer que no ha tenido penetración se basa en la falsa creencia de que la vagina es más estrecha y se siente más, pero esto es un error, porque el ancho de la vagina no se modifica con las prácticas sexuales.

La vagina es una parte del cuerpo que es elástica, tanto, que cabe un bebé completo, y está diseñada para adaptarse a diversas situaciones, incluyendo el acto sexual y el parto; por lo que el tamaño del pene tampoco tiene el poder de modificar su dimensión.

Cuando una mujer se excita, la vagina se expande temporalmente para acomodar la penetración, en un proceso conocido como “tenting” o formación de tienda, que incrementa su longitud y anchura, por lo que cualquier tamaño del pene se ajusta perfectamente a la vagina de una mujer que esté bien excitada y estimulada.

Después de la actividad sexual, la vagina vuelve a su estado normal, así que no hay ningún cambio con la cantidad de sexo que tenga una mujer y mucho menos con el tamaño del pene de la o las parejas sexuales.

Más que ser el primero, lo que debería importar es ser el actual y quizá el último, porque ese hombre sabe tocar y estimular a una mujer y porque vale la alegría repetir el encuentro.

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