Durante la infancia, sí. Cuando ambos hermanos o hermanas son pequeños, los niños y niñas se sienten acompañados. El hermano mayor asume un instinto de que debe proteger al más pequeño, y en la mayoría de los casos, incluso olvida cualquier temor.
Pasarse a la cama de los padres, cuando hay un hermano, se reduce considerablemente, porque en lugar de buscar la compañía en la habitación de papá y mamá, el niño o la niña encuentra refugio en su nuevo hermano o hermana.
El llanto del bebé no tiene que ser un obstáculo para poner a los hermanos a dormir en el mismo cuarto, aunque siempre los padres se despertarán al primer movimiento del bebé, los hermanos y hermanas mayores no suelen enterarse de lo ocurrido durante su sueño, porque tienen sueños muy profundos, donde el ruido o movimientos no les afectan.
Lo ideal es acomodar el espacio donde cada uno se sienta representado; que la cama del hijo o hija mayor tenga cosas que le identifiquen y donde los padres ubiquen los demás mobiliarios necesarios para la comodidad del bebé.
Para quienes les preocupa el tema de la decoración, se encuentran un sin números de colores y dibujos que sirven para ambos sexos, sin tener que elegir el típico azul o rosa. Si en la casa queda disponible una tercera habitación, durante los años de infancia, la misma puede ser usada como cuarto de juegos, donde los niños tengan ese espacio disponible para tener sus cosas y juguetes, y poner a volar su imaginación, sin necesidad de utilizar toda la casa.
A medida que los hijos van creciendo, el deber de los padres y madres es escucharlos. Alrededor de los 10 años, inicia su deseo de autonomía e independencia y es a partir de ahí donde la separación empieza a ser necesaria. El hijo o hija mayor comienza a desarrollar sus propios intereses y gustos, necesita tiempo a solas o espacio para recibir a sus amistades, los juegos no tienden a ser los mismos, por lo que es el momento adecuado para separarlos.
Esto es otro proceso, porque se pueden presentar situaciones en las que el hermano o la hermana mayor quiera volver a su cuarto, porque no se acostumbra al nuevo espacio, o que el menor pase por pequeñas crisis de no querer dormir solo o sola. Estas situaciones se pueden superar en poco tiempo con paciencia, ensayo y constancia.
Lo más importante es ir preparando a los niños y niñas, ir hablándoles sobre lo positivo de dormir solos, explicarles sobre la experiencia y que ellos expresen cómo creen que será si cada uno tiene su habitación. Así, el proceso se habrá logrado antes de la adolescencia, donde por asuntos de pudor e intimidad, el espacio individual se vuelve imprescindible.
Dormir con hermanos de sexos opuestos proporciona las mismas ventajas que los hermanos del mismo sexo.
La experiencia se vuelve enriquecedora y construye sentimientos de unión y protección para los hermanos y hermanas, sin importar el sexo que hayan nacido. Sin embargo, es importante tener cuidado mientras vayan creciendo, ya que, en la medida que sea posible, cada miembro de la familia debe contar con espacios de la casa que le pertenezcan, y así se va aprendiendo el respeto a las cosas y a los gustos del otro o la otra.

